En Chile el 48,2% (dato del Mineduc) de población mayor de 18 años no ha completado los 12 años de escolaridad obligatoria, situación que implica estar en una seria desventaja para desenvolverse en forma eficaz en el ámbito laboral y social. Hoy en día, el escaso nivel educativo se asocia a un menor nivel de ingreso y menores capacidades de desarrollo, así como también una menor protección ante las arbitrariedades e injusticias laborales.
Las causas de interrupción de la educación formal se relacionan con el ingreso prematuro al mundo del trabajo, debido a un bajo nivel socioeconómico familiar, problemas conductuales, vulnerabilidad social, repitencia, rendimiento escolar deficiente y embarazo adolescente. Parte de esa actual población de adultos con escolaridad no completada, dejó sus estudios en el periodo en que la enseñanza secundaria no era obligatoria. La obligatoriedad de la educación secundaria que extendería a doce años la educación garantizada por el Estado fue establecida recién en el año 2003. (González, R., 2017, Las consecuencias de (no) completar la educación media para la población adulta en Chile. Hallazgos a partir de la evaluación internacional de competencias en población adulta PIACC-OECD Centro de Estudios del Ministerio de Educación)
La educación de adultos es percibida como una segunda oportunidad para los jóvenes que desertaron tempranamente, y también como una oportunidad de promoción y superación para los adultos que se encuentran en etapa laboral. El grupo de adultos y de adultos trabajadores constituye una minoría en las aulas, y las razones para ello podrían encontrarse en las restricciones de tiempo, limitaciones económicas, luego de que se han contraído responsabilidades familiares y laborales, desconocimiento de las actuales oportunidades de reintegración, junto con la aceptación del propio nivel educacional. Dentro del grupo de adultos activos laboralmente, quienes tienen los mayores riesgos de desertar de esta modalidad educativa son los adultos y adultas con hijos, con escaso apoyo del sistema laboral a la hora de requerir de alguna flexibilidad horaria, y con dificultad para avanzar en algunas materias tras muchos años de interrupción de los estudios.
Los CEIA (Centros de Educación Integrada de Adultos) hoy en día acogen a toda esta población que busca mejorar su condición de vida mediante el estudio, sin embargo, a la hora de la asignación de recursos para esta modalidad son exiguos o casi nada, pues esta modalidad de estudios no cuenta con programas de financiamiento asignados como lo tiene la educación formal y los que existen son ínfimos.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) indica que Chile es uno de los países con menor gasto educativo, situación que debería abordarse, ya que el país requiere potenciar la inclusión y calidad del empleo sobre todo hacia los trabajadores con la calificación más baja de la fuerza laboral.
En un apretado resumen pudiéramos señalar que este alto porcentaje de la población que no ha completado su educación formal inicial es plena garantía para la clase dominante merced a mantener al pueblo ignorante y vulnerable logra someter de alguna manera a un gran segmento de nuestra sociedad de forma de manipular sus voluntades ya sometidas, lo dicho no es de ningún modo “panfletarismo” sino una cruda realidad. En este ámbito de circunstancias entonces se hace muy imprescindible que nuestra carta magna dedique en el espacio de la educación en Chile un capítulo que permita mejorar sustancialmente este dramático problema educacional y por consecuencia, las inequidades sociales que por consecuencia persisten.
La educación de adultos realiza grandes esfuerzos grandes esfuerzos a través de estos CEIA para reinsertar a mucha gente en nuestra alicaída sociedad, dándole énfasis a los valores esenciales de la convivencia humana rescatando y reforzando aquellas habilidades blandas que permitan a las personas aprender a aprender de modo que desarrollen sus capacidades dirigidas a que puedan construir o modificar su propio destino, esa es la impronta que hasta ahora se encuentra oculta.
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