Mucho se ha dicho respecto a que esta crisis es una “guerra”, argumento, por lo demás repetido, en este Chile desde Octubre del año pasado en incontables veces, buscando el desarrollar la idea de que, en la emergencia, en la crisis, hay bandos y por lo tanto enemigos y aliados. Este empujar hacia este estado país de conflicto bélico, en este caso contra un virus (y que además estamos claramente según las estadísticas perdiendo), implica el dar un carácter de urgencia que, al ser tiempos de guerra, excepcionales y brutales, permitiría suspender el marco de derechos de las personas en pos de un bien mayor: la protección de todos los chilenos.
Es decir, una especie de pase libre para las autoridades porque: ¡la prioridad es otra!
Es extraño el añorar la guerra, o al menos romantizarla con discursos tipo arenga con o sin mascarilla. La guerra implica muertos y dolores irreparables, y, si, tal vez estemos en ese punto, pero no debemos confundirnos, es peligroso.
Dividir entre aliados y enemigos solo nos quiebra, o nos mantiene quebrados, cuando en este momento somos literalmente todos contra uno, un virus sin vacuna al día de hoy.
El peligro de esta mentalidad de guerra es confundir la tan nombrada suspensión de los derechos civiles con el obviar los derechos humanos. De hecho, ni siquiera los primeros pueden soslayarse solo por esta “guerra”.
Los derechos civiles y políticos (si, tienen un apellido, por impopular que esto sea en nuestro país), son aquellos que protegen la libertad del individuo de su vulneración por parte de los gobiernos, organizaciones sociales e individuos privados y que aseguran la capacidad de cada individuo de participar en la vida política de la sociedad y el Estado libre de toda discriminación o represión (ONU, 1966).
Por otra parte, desde 1968 con la convención de Teherán, que los DDHH se incluyen en tiempos de guerra, y se pueden rastrear los intentos de incluirlos hasta más de un siglo antes, por lo que tampoco pueden “suspenderse por caso de conflicto.” No son un lujo que se les concede a los progresistas para dejarlos tranquilos o un conveniente switch que se baja cuando las cosas se ponen feas.
Es de entender que estamos en una situación excepcional, pero es en esas situaciones cuando los DDHH cobran mayor validez, es sensato hoy restringir el derecho de toda persona “a la libertad de reunión y de asociación pacíficas,” ya que no puede superponerse al de “todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a su seguridad personal,” puesto que el riesgo de la aplicación del primero va directamente contra el segundo. Pero hasta ahí llegamos, los demás derechos esenciales cobran relevancia mayor, son un escudo contra aquellos que, en posición aventajada en una pandemia, podrían usarla como oportunidad para desarrollar acciones que los dejen impunes. Hablamos de discriminación, vulneración, represión, presiones indebidas, favores y prestamos injustos, enriquecimiento ilícito con productos de necesidad, y una larga lista muy conocida en nuestro país en tiempos anteriores al COVID. Y es que hay personas que entienden muy mal la cita de Einstein de que en medio de las crisis existen grandes oportunidades; lo dijo en el sentido de aprender de los errores, de salir mejores personas después de ellas, NO para que entienda “oportunidad” como “aprovechamiento”, experiencia ya vivida en el 27/F.
Es momento de dejar esta idea de guerra y enfrentar esta crisis juntos, como lo que es, una crisis sanitaria, entendiendo los derechos humanos y civiles como un marco de protección para todos sin excepción, también para el que no cree en ellos, para el que oculta cifras o manipula datos, o para el que pide militares a la calle para luchar a balazos contra un agente infeccioso microscópico acelular. Para todos, sin excepción, pero, teniendo el cuidado de que la guerra en la mente de aquellos que tanto la pregonan no dañe a otros, por acción o por omisión, y que en el caso de que suceda, la justicia y sus instituciones estarán allí para corregir y enmendar.
En palabras de H.G. Wells, “debemos terminar con la guerra, antes de que la guerra termine con nosotros…”
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